Este nombre lleva la página web que ha sacado Igualdad Animal sobre las distintas fases de la macabra explotación alimenticia a la que sometemos a vacas, cerdos, ovejas, conejos, gallinas, pollos, patos, pavos, peces, perros y gatos.
La página cuenta con un montón de material informativo proveniente de sus investigaciones y de fuentes fiables, además de vídeos y fotos que demuestran el horror por el que tienen que pasar los animales para que nosotros tengamos un cacho de carne en el plato.
Es muy cómodo vivir pensando que necesitamos comer carne, que en la naturaleza los animales se comen los unos a los otros y no hay problema. La diferencia está en que en la naturaleza, el león se come a una cebra, libre y que ha vivido su vida en paz, mientras que nosotros criamos a millones de animales para encerrarlos de por vida en las peores condiciones, los dejamos vivir unos penosos meses y después nos los cargamos de muy mala manera. Si las cosas se hiciesen bien... pero no es así y yo no quiero ser cómplice de tal barbarie.
Si vosotros tampoco os animo a que indaguéis un poco más en el tema, aunque solo sea para informaros. Echadle un ojo a esto: http://www.granjasdeesclavos.com/
No es tan difícil dejar de comer carne. Y no es malo, como nos hace creer la sociedad para que no dejemos de consumir. Hay muchas otras cosas que comer con las que se puede llevar una dieta totalmente normal y cada vez más investigaciones científicas lo prueban. Pero no quiero ser yo quien os convierta al vegetarianismo. Eso lo decide la conciencia de uno mismo después de darse cuenta de toda la mierda que hay detrás de un filete.
14 agosto 2012
12 agosto 2012
Kiss me
Esta mañana encontré por casa un pintalabios rojo y después de un rato esto es lo que ha salido. La fugaz historia de un beso en tres momentos. Tengo mucho tiempo libre...
08 agosto 2012
Primer plato
Ayer noche, aprovechando que venía Chus a cenar a casa y podía contar con su ayuda culinaria, cogí mi libro de recetas vegetarianas y me decidí a hacer unas espirales con setas y gorgonzola (al final, por falta de material, fueron macarrones con setas y queso rallado).
Es un plato muy fácil de hacer, pero me sentí muy orgullosa de que saliese bastante comible (aunque en la foto no lo parezca), dado que hasta la fecha creo que es lo más elaborado que he hecho en la cocina.
Es un plato muy fácil de hacer, pero me sentí muy orgullosa de que saliese bastante comible (aunque en la foto no lo parezca), dado que hasta la fecha creo que es lo más elaborado que he hecho en la cocina.
Tengo que aprender rápido a cocinar, si no me quiero morir de hambre o, peor aun, de colesterol...
30 julio 2012
Safari Madrid
El pasado día 27, Juan y los niños (Juan y David) me llevaron de sorpresa por mi cumple al Safari de Madrid, cerca de Aldea del Fresno. Llegamos a eso de la una y al final echamos todo el día hasta que cerraron.
Después de ver las exhibiciones de rapaces y de serpientes, visitamos el reptilario y el insectario. Al acabar nos pusimos a comer los cuatro unos sándwiches preparados por Juan y cuando terminamos estuvimos un buen rato cortando millones de zanahorias para dárselas después a los animales del safari.
Todos los animales estaban completamente sueltos (salvo los elefantes y los tigres) y era muy impresionante ver a los rinocerontes cruzar por delante del coche o a los leones dormitar a escasos metros. Había una zona con avestruces, dromedarios, llamas, arruís, ciervos y no sé cuántas cosas más en las que estaba permitido alimentar a los animales. En cuanto vieron que bajábamos las ventanillas y les ofrecíamos ricas zanahorias nos rodearon en un momento.
Los arruís, que son estas cabras que dan tan mal rollito (a mi me resultan satánicas), ansiaban muchísimo y se subían a la puerta del coche. Yo temía todo el rato por el pobre coche de Juan, que se estaba poniendo perdido de babas y arañazos.
Los niños (y he de reconocer que yo también) se lo pasaron en grande viendo a los animales tan de cerca, aunque con las avestruces proferían fuertes alaridos, de los picotazos que daban al cristal al tratar de coger el pedazo de zanahoria.
El sitio está muy bien montando para los críos y cuenta con pista de karts, paseos en poni y dromedario, piscina y unos toboganes un tanto bastos por los que te tirabas con un saco de patatas.
Casi lo más divertido del día fue la entrada en el redil del millón de cabras. En cuanto nos vieron entrar con las bolsas de zanahorias se abalanzaron sobre nosotros cual horda de zombies hambrientos.
Los niños, listos, echaron a correr y lograron más o menos escapar y ponerse a salvo, pero a mi me arrinconaron y patearon hasta los higadillos hasta que me arrancaron el último trozo de zanahoria. Fue entonces cuando decidieron empezar a comerme la camiseta y el pantalón.
Salimos como pudimos después de lidiar un buen rato con las zombi-cabras y nos fuimos a casa, pateados, sucios y oliendo a cuadra, pero mereció la pena: fue un día tremendamente divertido.
Después de ver las exhibiciones de rapaces y de serpientes, visitamos el reptilario y el insectario. Al acabar nos pusimos a comer los cuatro unos sándwiches preparados por Juan y cuando terminamos estuvimos un buen rato cortando millones de zanahorias para dárselas después a los animales del safari.
Todos los animales estaban completamente sueltos (salvo los elefantes y los tigres) y era muy impresionante ver a los rinocerontes cruzar por delante del coche o a los leones dormitar a escasos metros. Había una zona con avestruces, dromedarios, llamas, arruís, ciervos y no sé cuántas cosas más en las que estaba permitido alimentar a los animales. En cuanto vieron que bajábamos las ventanillas y les ofrecíamos ricas zanahorias nos rodearon en un momento.
Los arruís, que son estas cabras que dan tan mal rollito (a mi me resultan satánicas), ansiaban muchísimo y se subían a la puerta del coche. Yo temía todo el rato por el pobre coche de Juan, que se estaba poniendo perdido de babas y arañazos.
Los niños (y he de reconocer que yo también) se lo pasaron en grande viendo a los animales tan de cerca, aunque con las avestruces proferían fuertes alaridos, de los picotazos que daban al cristal al tratar de coger el pedazo de zanahoria.
El sitio está muy bien montando para los críos y cuenta con pista de karts, paseos en poni y dromedario, piscina y unos toboganes un tanto bastos por los que te tirabas con un saco de patatas.
Casi lo más divertido del día fue la entrada en el redil del millón de cabras. En cuanto nos vieron entrar con las bolsas de zanahorias se abalanzaron sobre nosotros cual horda de zombies hambrientos.
Los niños, listos, echaron a correr y lograron más o menos escapar y ponerse a salvo, pero a mi me arrinconaron y patearon hasta los higadillos hasta que me arrancaron el último trozo de zanahoria. Fue entonces cuando decidieron empezar a comerme la camiseta y el pantalón.
Salimos como pudimos después de lidiar un buen rato con las zombi-cabras y nos fuimos a casa, pateados, sucios y oliendo a cuadra, pero mereció la pena: fue un día tremendamente divertido.
27 julio 2012
25
Bueno, pues ayer, inevitablemente, cumplí 25 añitos (más bien añazos). Un año más o un año menos, según lo mires. Muchas felicitaciones, sorprendentemente. Y un día bastante redondo en muy buena compañía. Eso siempre ayuda a sobrellevar un poco mejor los cumpletacos.
Thank you all.
Thank you all.
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